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Las claves de RITE, el nuevo reglamento para mejorar la eficiencia energética de los edificios


Artículo escrito por Sandra Barañano, directora técnica de Cuida Tu Casa

La consecución de la neutralidad energética en España se ha convertido en uno de los puntos fuertes de la agenda política, como demuestra la reciente aprobación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Una normativa que, a su vez, se verá reforzada con el plan de recuperación para el reparto de los fondos europeos, en torno al que la rehabilitación energética ha cobrado un importante protagonismo, valiendo como ejemplo la deducción en el IRPF para reformas que persigan este objetivo.

En paralelo, se ha dado luz verde al Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), con el que pretende mejorase la eficiencia energética.

En la práctica, implica la obligación de evaluar la eficiencia energética de los inmuebles que sean reformados, de manera que las instalaciones más sostenibles y eficientes tomarán prioridad frente a las térmicas convencionales. Asimismo, este nuevo reglamento obliga a justificar las instalaciones convencionales frente a aquellas que son más eficientes y sostenibles, lo que afectará a los particulares y profesionales que reformen una edificación.

Los primeros, en caso de instalar sistemas térmicos convencionales, deberán justificarlo; mientas que los segundos tendrán que plantear instalaciones alternativas más eficientes o sustituir los equipos fósiles por renovables.

La reducción de las emisiones de efecto invernadero constituye una de las vías para combatir el cambio climático y alcanzar los objetivos de eficiencia energética del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC). Por ello, resulta clave acotar las emisiones que liberan los edificios y que estos últimos se conviertan en inteligentes.

De igual forma, los edificios de más de 1.000 m2 cuyos fines sean administrativos o comerciales deberán dar a conocer a los clientes y usuarios cuál es el consumo de energía que realizan y cuál es su origen, considerando que cuanta mayor sea la información que haya en este sentido, mayor será la cantidad de soluciones eficientes que se tomen.

Por otro lado, esta actualización obliga a los edificios no residenciales con consumos de potencia útil nominal de climatización mayores de 290 kW (hoteles, centros comerciales, etc.) a ser los primeros en convertirse en 'Smart buildings'.

Esta renovación normativa también afecta a las inspecciones de instalaciones térmicas, ya que solo se vigilarán los sistemas de calefacción, las instalaciones combinadas de calefacción, ventilación y agua caliente sanitaria con una potencia útil nominal mayor de 70 kW, además de los sistemas de aire acondicionado y las instalaciones combinadas de aire acondicionado y ventilación.

Por último, los contadores de agua caliente para redes urbanas instalados después de esta actualización normativa deberán tener un servicio de lectura remota que permita la liquidación individual de los costes en base al consumo.

El RITE persigue la neutralidad energética y combatir el cambio climático a partir de los edificios inteligentes. Asimismo, plasma una serie de condiciones que deben cumplir las instalaciones (calefacción, climatización y agua caliente) para que, al igual que contribuyen a nuestro bienestar, contribuyan a un uso y consumo racional de la energía. De esta forma, las previsiones de que la eficiencia energética de los edificios mejore con esta normativa son favorables.

Pero este tipo de edificios no solo contribuirán a combatir el cambio climático y la contaminación, sino que también tendrán beneficios sobre las personas que habitan en ellos: confort térmico, bienestar en la vivienda, gestión eficiente de sus instalaciones, ahorro en la factura y ayuda al medioambiente, son algunos de sus efectos complementarios.

Sin embargo, nosotros también podemos contribuir a que la eficiencia energética de los edificios mejore. En este sentido, tenemos la obligación y el poder de hacer frente al desafío que nos enfrenta al calentamiento global, la contaminación y sus consecuencias.

Para conseguirlo, una de las claves es aislar el edificio. Esto es algo que se regula en el Código Técnico de la Edificación (CTE), una norma que conviene consultar junto al RITE. Y es que estos dos reglamentos deben seguirse de forma paralela para lograr las medidas necesarias para un edificio eficiente energéticamente, puesto que sin un buen aislamiento perderemos la eficiencia del sistema de climatización.

A la hora de generar energía deben tenerse en cuenta distintos conceptos. Por un lado, conviene usar calderas de condensación (que pueden suponer ahorros del 30%) o calderas de biomasa (se recomiendan las calderas de pellet, mejor si son automáticas que compactas) en detrimento de las calderas convencionales.


Por otro lado, se recomienda sustituir las calderas de gasóleo o de gas por la aerotermia o la hibridación de bombas de calor con la energía solar, especialmente con la fotovoltaica.

También se recomienda el uso de ventilación mecánica de doble flujo, que, por un lado, aporta mayor salubridad mediante la filtración y recirculación del aire, y por otro, supone hasta un 40% de ahorro energético mediante la recuperación de calor y el free-cooling (enfriamiento gratuito).

Para la emisión de energía, es recomendable el uso de radiadores de baja temperatura o sistemas de climatización radiante por suelo, techo o pared y respecto a la conducción de energía, del agua fría y caliente concretamente, deben aislarse las tuberías de manera correcta para evitar pérdidas energéticas.

Nos adentramos en la era de la eficiencia energética, para la que el acondicionamiento de nuestras viviendas y edificios resulta determinante. Fuente: Idealista.com